sábado, 22 de mayo de 2010

Capitulo 36

Traducido por Sweet Angel

La Yerberia Verde era un lugar rosado escondido entre un puesto de tacos y una frutería. Afuera, había una gran mano roja proclamaba que ahí realizaban lectura de manos, y las ventanas estaban atestadas de velas cada una dedicada a una causa diferente, dinero, amor, problemas judiciales o a los santos. Estuve tentada a comprar una de problemas judiciales para mi mama pero mi mama ya se cubrió por arte de magia en ese aspecto tanto como era posible, pensé, de todos modos.

Una embriagadora mezcla de velas, incienso y hierbas me golpeo cuando entre por la puerta. Este era un dolor diferente a Sit a Spell, algún modo, con un denso olor a almizcle, el cual me recordó a Lindsey. Mire alrededor en las ofertas, buscando algo que se pareciera a la muñeca que había encontrado en el escritorio de María.

El mostrador de la entrada estaba vacío, pero podía escuchar el crujir de alguien detrás. Mientras esperaba a que el dueño apareciera, hice un inventario rápido de las cosas de la tienda.

Al lado de las velas había una mesa cubierta de unos frascos pequeños, todos con sus respectivas etiquetas escritas en español. Aunque mi dominio en idiomas extranjeros se limita a Donde está el baño La mayoría de las imágenes tenía apariencia voluptuosa, mujeres con poca ropa o pilas de billetes de un dólar medio una idea bastante buena de lo que era.

A la izquierda había una pared llena de frascos con hierbas, lo cual me recordó a la tienda de mi mama, aunque no pude reconocer la mayoría de los nombres. Había una mesa llena de frascos, todos con su respectiva etiqueta en español y en la parte trasera, una selección de velas que me dieron ganas de cruzar las piernas. Eran penes, eran enormes y de colores sorprendentes. No quería pensar para que se utilizaran así que tendría que preguntarle a mi mama. O tal vez no, pensándolo mejor hay algunas cosas que es mejor no saberlas.

Había recogido uno y estaba buscando una mecha cuando oí un ruido detrás de mí. Me apresure a dejar la vela, que era del tamaño de un tarro de Pringles y me gire para mirar a una arrugada mujer de ojos oscuros.

“¿Puedo ayudarte?” dijo ella, con un fuerte acento ingles. Sus ojos se dirigieron a la vela que había estado sosteniendo. “¿Tienes problemas en la cama?”

“No, no” dije. “Estoy bien en ese departamento, gracias.”

Ella asintió con la cabeza sabiamente. “Esas velas… mucho ayudo…”

“Um… si alguna vez tengo problemas, lo tendré en cuenta.” Mire hacia adelante; y por primera vez, me di cuenta que también había velas de vaginas.

Ew.

“¿Estás segura?” persistió la mujer.

“Positivo,” dije, alejándome unos pasos de la sección de velas para Kamasutra. “Espero que me pueda ayudar, sin embargo.”

“¿Cuál es el problema?”

“Tengo una pregunta acerca de una muñeca que vi él otro día.” Mientras describía lo que había visto, la cara de la mujer se empezó a ensombrecer. “¿Qué cree que era?” pregunte.

“Vudú.” Ella se fue al cuarto de atrás, regresando después con un muñeco de cera exactamente igual al que tenía María.

Un temblor recorrió toda mi espina dorsal. “Vudú,” repetí, acercando un dedo para tocar a la muñeca. A diferencia de lo que había sucedido en la oficina de María, no sentía nada cuando toque la cera. Mire a la mujer que estaba detrás del mostrador. “¿Qué hacen?”

“Esto es para… como se dice… controlar a una persona,” dijo ella lentamente. “Hace que una persona te ame. O para herir a una persona.” Ella se encogió de hombros, “Sin ver a la muñeca, no puedo decirlo.”

Me quede mirando las velas que había a la distancia. “Cuando la cogí, se sintió… mal,” dije.

“Malo” murmuro ella.

Y yo sabía que ella tenía razón.

“Había algo más,” dije. “Algún polvo que olía terrible. Estaba cubriendo toda la habitación.”

Ella asintió con la cabeza. “Polvo de retiro, probablemente.”

Asentí con la cabeza, aunque no tenía idea de lo que eso significaba.

Mientras yo estaba ahí, deseando haber llevado un diccionario Ingles-Español, la vieja mujer arrastro los pies hasta la pared de hierbas. Luego saco un frasco de polvo, lo abrió y lo sostuvo en alto para que pudiera olerlo.

Me acerque para olerlo, luego trate de ahogar un estornudo. “Era igual que esto,” dije, frotándome la nariz.

Y era verdad, reconocí algunos elementos. “Pero peor.”

Ella se mordió el labio inferior, “¿Más malo?”

“Si,” dije. “Como a zorrillo.” No tenía idea de cómo se decía zorrillo en español y no quería intentarlo.

Afortunadamente, ella pareció entender lo que estaba tratando de decir, porque volvió a asentir con la cabeza, saco un frasco de polvo amarillo de la estantería. Sus oscuros ojos estaban brillando por la curiosidad mientras abría la tapa; ella probablemente se estaba preguntando quien le había hecho eso a una gringa como yo. Pude oler la cosa incluso antes de que ella sostuviera el tarro de huevos podridos ante mí.

“Si,” dije, tapándome la nariz y alejándome de ella. “Era todo eso mesclado con otra cosa ¿Para qué sirve?”

“Para ahuyentar,” dijo ella. “¿Dónde?” pregunto ella, curiosa, sin duda alguna, de donde había encontrado un muñeco vudú, el polvo de algo.

“En la oficina de un político, lo suficientemente extraño.” Dije, y la mujer se tenso. La mire, “¿Dije algo malo?”

“No, no.” Dijo ella, cerrando la tapa del frasco. “¿Necesitas algo más?”

“No lo creo,” dije. Entonces me empecé a sentir mal; después de toda su ayuda, debería comprar algo. Mis ojos se fijaron en unas bolsas de cuero que estaban atadas a unas cadenas. Cada una estaba marcada con el símbolo de un pequeño animal; parecían de esos collares que usaban los indios. “¿Para qué son esos?”

“Protección,” dijo ella.

“Llevare uno,” dije, cogiendo uno que se parecía vagamente a un lobo y entregándoselo a ella. Fue muy apropiado, después de todo. Además, de la forma en que iban las cosas, debería usar toda la protección que pudiera conseguir. Le entregue el amuleto a la mujer de cabello oscuro; ella desapareció por la parte trasera de la tienda un momento y luego regreso.

“¿Qué hiciste con él?” pregunte.

“Yerbas.” Dijo brevemente. Yo asumí que quería decir hierbas.

Mientras buscaba diez dólares en mi cartera, la mujer lo había envuelto en una bolsita con manos hábiles y lo empujo a través del mostrador hacia mí, repentinamente hostil. ¿Qué había dicho? ¿Había cruzado alguna frontera cultural? El aire cargado de incienso se empezó a sentir pesado y opresivo mientras me dirigía hacia la salida, contenta de empujar la puerta hacia el aire fresco y el olor a tacos. Podía sentir como los ojos de la mujer me seguían a través del parqueadero.

De vuelta en el mercedes, me pregunte que había hecho para ofender a la mujer. Ella sin duda se había tenido prisa para sacarme de allí ¿Habría alguna forma de que ella hubiera descubierto que era un hombre lobo? Estaba bastante segura de que había olido mala hierba de entre todas las hierbas de la tienda, si tú bebías tanto como yo lo hacía, podrías olerla desde una milla de distancia. Por el lado positivo, cualquier cosa que la hubiera ofendido ocurrió después de que hubiera encontrado lo que necesitaba saber. Por supuesto, sabía que María había usado un desagradable muñeco vudú y saber que aquel polvo servía para mantener a la gente alejada no me había llevado más cerca de resolver el asesinato de Brewster pero supongo que hay que investigar a fondo todas las pistas. Además, la repetición de Que No Usar era esta noche.

Cuando me senté en mi silla de cuero, tragando de nuevo un poco de baba, amaba la comida mexicana y el olor a carne me estaba dando hambre; desenvolví la bolsa que acababa de comprar, tocando con las yemas de mis dedos la imagen del lobo. Si había tenido un mal presentimiento con la muñeca de la oficina de María, la pequeña bolsa de cuero me dio una sensación opuesta; su peso sobre mi mano era reconfortante. Por capricho, la deslice sobre mi cabeza, metiendo la bolsa de cuero debajo de mi blusa. Entonces gire la llave para encenderlo y ajuste el cinturón de seguridad, sintiéndome un poco más optimista ahora que tenía algo bueno juju de mi propiedad.

Solo fue cuando me retiraba de la entrada que me di cuenta del nombre que había en la parte inferior del signo de la Yerberia.

Yolanda Jiménez.

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