lunes, 7 de junio de 2010

Capitulo 37

Traducido por Kat
Corregido por Sweet Angel

Jiménez.

No era de extrañar que la mujer hubiera cerrado cuando mencioné que encontré aquel polvo en la oficina de un político, probablemente ella fue la que lo vendió. Y el muñeco de vudú también. Jiménez podría ser un apellido hispano bastante común, pero yo habría apostado mi último centavo a que la mujer con la que acababa de hablar estaba relacionada con el jefe de campaña de Brewster.

Regrese a la plaza del aparcamiento y me apresure a regresar hasta la tienda, pero ahora estaba cerrada. Me asomé por la ventana nublada, pero la viejita no estaba por ningún lado.

Mientras me dirigía hacia el coche, saqué mi teléfono y marque a “información de marcados”. Unos minutos más tarde, gracias al 411 y a mi laptop, encontré la dirección del apartamento de María Jiménez.

La situación de María no debía de estar tan mal, ya que su apartamento estaba en una casa de ladrillo viejo agraciado en Tarrytown, cuando me acerque a su puerta, mi nariz reconoció un olor familiar. Efectivamente, había un aroma de pólvora igual al que había olido en la Yerberia.

Contuve la respiración y toque a la puerta, sin saber lo que diría si María abriera. Por suerte o por desgracia no tenía que pensar en ello, ya sea porque ella no estaba en casa o ella no quería abrir la puerta. A pesar del maloliente polvo en el suelo, pude oler el aroma floral de María, definitivamente ella había estado en casa, pero no recientemente.

Llamé una vez más, sólo para estar segura.

A continuación, trate de girar la manija de la puerta, solo por si acaso.

Por supuesto, estaba cerrada.

Di un paso atrás del apestoso polvo y considere la situación. No sé por qué, pero tal vez tenía más de los poderes psíquicos de mi mamá de lo que estaba dispuesta a admitir, pero de alguna forma sabía que tenía que entrar en su apartamento. No sabía lo que estaba buscando, pero por alguna razón estaba convencida de que las respuestas a mis preguntas, estaban detrás de esa puerta.

Pero, ¿Cómo entró?

La puerta de entrada era de madera sólida. Podía hacer lo que hizo la manada, entrando rompiendo la puerta, pero una larga fila de diez metros de coches estaba pitando detrás de mí, de modo que probablemente no sería el plan más discreto. A menos que yo quisiera pasar más tiempo de calidad hablando con la policía, y en lo que a mí respecta, las tres horas que había pasado en su compañía por la mañana eran más que suficiente.

Mientras caminaba por el edificio en busca de una entrada alterna, algo como una puerta trasera; un pájaro gigante negro lanzó un graznido y se echó a los árboles por encima de mí, asustándome hasta los calcetines. Bueno, hasta los pantis, de verdad.

Bueno, sé que soy algo nerviosa; Pero, ¿Qué estaba pasando con la población de aves en Austin? Parecía como si cada vez que me diera la vuelta últimamente, uno de ellos saliera de un arbusto o algo así.

Cuando mi corazón reanudo un ritmo razonable, continué mi investigación en el edificio. El apartamento de María debía haber tenido un montón de luz natural, ya que tenía seis ventanas de tamaño completo por el lado del edificio. Traté de mirar adentro, pero las largas cortinas blancas estaban cerradas. Pero no era demasiado difícil darse cuenta de que eran suyas, porque cada una de ellas había sido generosamente rociada con la misma mezcla de olor putrefacto. Polvo de lo que sea, con un poco de azufre.

Por supuesto, estaban cerradas con llave. Eché un vistazo a la calle con mucho tráfico, yo podría romper una ventana, pero no había nada que me protegía de la vista de la calle. Al igual, que no había nada ni siquiera un arbusto.

Crucé los brazos y me apoyé contra la pared del edificio, frustrada. Ya había agotado las opciones fáciles. Si quería llegar al apartamento de María, sin ir a la cárcel, tendría que ser creativa.

Estaba embutida contra el respaldo del frente del edificio, llamando a la puerta de la vivienda vecina. Una mujer joven con cabello rubio brillante respondió, con los dedos separados por espuma y olor a acetona, adivine que había interrumpido su pedicura.

“Hola”, le dije. "Soy una amiga de María... Susan."

"Hola, Susan. Soy Kelly."

"¡Oh, Kelly!", dije con una gran sonrisa. "María te ha mencionado muchas veces."

"¿En serio?" Ella se mostró sorprendida. "Me acabo de mudar de hace un mes."

“Sí”, dije. “Pero ustedes dos realmente debieron haber congeniado. " Kelly me dio una sonrisa dudosa, pero yo se la invertí.

"Algunos de nosotros estamos planeando una fiesta sorpresa para María, pero no queremos que se entere. Odio a preguntar..." Me quede callada.

"¿Preguntar qué?"

“Bueno, no sé si tú tienes la llave de su apartamento, pero me preguntaba si me podrías dejar entrar para que yo pudiera... medirlo ".

La joven parpadeó frente a mí. "¿Medir qué?"

Excelente pregunta. Ojalá pudiera responderla.

“Bueno, es parte de la sorpresa ", balbucee, " Es que íbamos a regalarle un... "

Kelly se quedó mirándome sin comprender.

"A... Un sofá que ella quería. Sí. Un sofá."

Ella parpadeó rápidamente y surco las cejas. "Un sofá."

“Sí”, dije, asintiendo la cabeza con furia. "Un sofá."

"Pero pensé que ella acababa de comprar un sofá nuevo."

Ahogue un gemido. "Una silla de juego, quiero decir. Por el sofá nuevo. Bueno, es más un asiento de amor, de verdad."

"Un asiento de amor", repitió Kelly. Para ser honesta, estaba empezando a encontrar toda la cosa, un poco molesta.

"Así que tengo que entrar en su apartamento y medir", le dije a Kelly concordando con la mentira original. "Para asegurarme de que ajuste."

"Hay que medir", dijo Kelly, resistí el impulso de estrangularla. Finalmente, pareció tomar una decisión. "Me encantaría ayudar," dijo ella alegremente, y yo podría haberla besado. "El único problema es que no tengo la llave".

Bueno, tanto esmero para ese plan.

Luego añadió: "Pero creo que la señora de arriba la tiene", y de repente me sentí mucho más optimista.

"¿En serio?"

"No sé si ella está, pero podemos ir a revisar. Solo permíteme quitar esta espuma de mis pies", dijo. Luego cerró la puerta y me dejó fuera.

Eché un vistazo a mi reloj mientras esperaba, sintiéndome un poco impaciente. Y un poco nerviosa. No tenía ni idea de a qué hora regresaría María a casa. Si lo hacía, iba a ser bastante obvio que ella y yo no éramos amigas. Y si ella entraba mientras yo estaba en su apartamento, aparentemente haciendo una medición en la sala para el asiento del amor imaginario...

Afortunadamente, Kelly abrió la puerta antes de que pudiera pensarlo, y unos minutos más tarde, la vecina del piso de arriba, una matrona con una lamentable debilidad por el lápiz de labios de “coral helado” estaba abriendo la puerta de María para mí.
La señora pintalabios desapareció por las escaleras con una sonrisa de colores, pero Kelly se demoró.

“Gracias”, dije, haciendo lo que yo esperaba fuera una sonrisa desdeñosa.

"En cualquier momento. ¿Necesitas ayuda?" Pregunto Kelly.

"¿Ayuda?", Le dije.

"Si, una persona para sostener la cinta de medir", dijo.

“Oh, no”, dije, acariciando mi bolso. "Voy a estar bien. Gracias de nuevo voy a cerrar en cuanto me valla”, dije empezando a cerrar la puerta detrás de mí.

"¿Como me dijiste que te llamabas?" Dijo Kelly.

"Susan", le dije. "Estoy segura de que las dos recibirán sus invitaciones pronto. Voy a anotar la dirección de tu apartamento antes de irme."

Eso pareció satisfacerla, un momento después me encontré sola en el apartamento de María.

Tenía razón acerca de las ventanas, incluso con las cortinas del piso al techo, el sol de la tarde inundó la habitación con una luz suave, haciendo que las frondosas plantas brillaran. No me hubiera gustado la elección de María del escaparatismo, pero su gusto en la decoración era envidiable. En particular, el nuevo sofá, que era de un verde pálido, con salvia blanca melocotón en los cojines. Toque la tela, preguntándome dónde la había comprado, antes de recordar que no estaba aquí para tomar notas sobre diseño de interiores.

Estaba aquí buscando pruebas.

Pero, ¿Qué tipo de pruebas?

Empecé con el librero de la esquina. Un estante de libros de ciencias políticas no era de extrañar allí y debajo de ella, varios tomos bien manoseados de diseño de interiores. Si yo estaba buscando una guía de plantas venenosas o un libro de “como matar a tu jefe en cinco fáciles pasos”, estaba decepcionada. Había un pequeño folleto de cómo hacer tu propio popurrí, pero que difícilmente puede considerarse prueba de algo.

Me abrí camino a toda prisa por el resto de la habitación, escuchando pasos cuando revolvía las facturas en el mostrador y mire su estante de especias (lotes de comino y chiles secos, pero no belladona). De hecho, estaba empezando a preguntarme por qué estaba allí. Claro, María había tenido un muñeco de vudú en su escritorio, y hubiera apostado que ella era la responsable de la asquerosa pólvora por toda la oficina Brewster por no hablar de su propio apartamento. Pero nada de eso significaba que había matado a su jefe.

Mientras me dirigía a la habitación de María, se me ocurrió que había estado en su apartamento un tiempo terriblemente largo para alguien que se suponía que solo tomaría medidas para un nuevo asiento de amor. Todo lo que podía hacer era esperar a que Kelly hubiera regresado a su apartamento para una segunda capa de esmalte de uñas.

La habitación de María era tan limpia, decorada y con buen gusto como su sala; incluso la cama, que, al igual que el sofá, estaba lleno de pintorescos y atractivos cojines. Estaba empezando a pensar que María había perdido su vocación, ella podría haber hecho una fortuna vendiendo sus servicios a los habitantes de los suburbios como diseñadora de interiores. Su gusto estaba extendido también en su vestuario. Entré en su armario y admire las pilas bien ordenadas de suéteres de cachemira, dejándome envidiada con su bolso de Louis Vuitton.

Pero no a belladona.

Respiré hondo, el olor no era tan malo aquí, gracias a los bloques de cedro y lavanda, y atrape un aroma de otra cosa. Algo familiar.

Salí del armario, siguiendo el olor. Era cera de abejas y un poco de otra cosa.
Fuera lo que fuese, venía de la cama.

Un momento después, yo estaba de rodillas, tirando de una caja de almacenamiento de plástico fuera de su casa en las profundidades del cobertor encajes. Incluso antes de que levantara la tapa, sabía que no iba a encontrar suéteres.

Una ráfaga de olor a tierra igual que en la Yerberia, me golpeó cuando quite la parte superior de plástico. Velas en una variedad de colores, me alegré ya que no eran velas de penes. A su lado había un cuenco de metal pequeño, como una caldera, probablemente un rollo de discos de carbón, y varias bolsas de plástico llenas de hierbas. Y un libro encuadernado en cuero, y la tapa adornada con palabras en español.

En otras palabras, toda la parafernalia de una bruja promedio.

Tome el libro fuera de la caja, moviéndolo de un tirón. Las páginas estaban llenas de “pequeñas Marías”, pero bien podría haber sido en blanco. La frustración brotó en mí cuando pasaba las páginas, parecía una revista de algún tipo, pero como era en español, no entendía mucho de esto. Sin embargo, tenia fechas. Pasé a través de las páginas a principios de septiembre y se acelero mi pulso cuando llegué al 3 de septiembre. No podía leer en español, pero no era demasiado difícil encontrar el nombre de Brewster. Y hasta un total de monolingües sabe que “amor” significa “amor”.

Me asomé a la entrada, deseando haber prestado un poco más de atención en clase de español. Hubo un breve párrafo en la parte superior, escogí la palabra “Mañana”, “mañana y Esposa”, que me pareció significaba esposa. Debajo había algo que parecido a una receta, pero mi español no tenia tal altura. Mientras hojeaba el resto del libro, me pregunté una vez más lo que impulso a Ted Brewster a querer un hechizo por un filtro de amor. ¿Será que María se lo sugirió?

Un golpe sonó fuera, y me congele, escuchando el sonido de una llave en la cerradura. Decidí que sería mejor darme prisa. Cuando ya había sustituido el libro en el cuadro, tuve un soplo de un olor familiar, y un escalofrío me recorrió la espalda. Rápidamente abrí cada una de las bolsas de plástico, olfateando el contenido. María tuvo una impresionante variedad de hierbas que podía identificar: artemisa, manzanilla, y una bolsa casi vacía de esas cosas, un polvo, pero no del que yo estaba buscando.

Revise todas menos dos cuando me di cuenta de otra serie de bolsas escondida bajo una madeja de seda. Mis pelos se levantaron de punta, cuando cogí una de la parte superior, encontré una foto de Ted Brewster en su escritorio, sonriendo a la cámara, con los pocos pelos marrones que le quedaban.

Pensé en la muñequita de cera en el escritorio de María. ¿Usaría los pelos en la muñeca de alguna manera? ¿Y si era así, que era exactamente lo que su cajón se supone que representaba? Escarbe por el resto de la caja, en busca de la fuente de ese olor difícil de alcanzar. Al empujar la seda a un lado, una pequeña baya marchita callo.

Nocturna.

Me metí todo, incluyendo la bolsa de la baya seca amarilla, parecía una uva pasa de oro, pero no era algo que querrías en tu almuerzo. Entonces tomé la tapa de nuevo y me balancee sobre mis muslos.

Por alguna razón que todavía no estaba segura, María había matado a Brewster.

Pero ¿qué iba a hacer al respecto?

Acababa de deslizar la caja posterior debajo de la cama cuando escuché el tintineo de las llaves, y luego la puerta principal se abrió.

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JUEGA^^