lunes, 14 de junio de 2010

Capitulo 38

Traducido por Sweet Angel
Corregido por Laqua

Deslicé la caja debajo de la cama y me precipité al armario. Mientras intentaba sumergirme en una hilera de trajes de tintorería, pensé en si solo hubiera sido cinco minutos más rápida. O si tan solo el armario de María hubiera sido un poco menos organizado.

Retrocedí en la esquina, escondiendo mi cabeza detrás de una repisa mientras trataba de desaparecer detrás de seis pares de pantalones. Lo que tal vez hubiera funcionado si María no hubiera caminado directamente a la habitación y dijera, “Sal del armario con las manos en alto.”

Demasiado para el plan A.

Como no había forma de convertirse en uno con las líneas del traje y porque estaba bastante claro que María no estaba jugando al gato y al ratón, me separé de la fila de pantalones y camine fuera del closet. No tenía idea de cuál era el plan B, pero era algo que probablemente necesitaría saber pronto.

María se detuvo en el traje de Vera Wang que era el gemelo del que Adele había llevado. Tenía que admitir que ella se veía mucho mejor con él que mi jefa. La única cosa que no me gustaba de su atuendo, de hecho, era su gusto con los accesorios. No es que los Manolos no fueran magníficos y no es que me hubiera molestado tener un armario completo de esos accesorios. Pero podría haberlo hecho sin la desagradable arma.

Sin embargo, las cosas podrían ser peores, me dije a mi misma. Quiero decir, quedarse atrapado en el armario de alguien era malo y tendría que hacer algún comentario rápido para salir de esta. Pero no era como si ella tuviera balas de plata.

Entonces María dijo, “No te comiences a hacer ideas, hombre lobo. Está cargada con balas de plata.”

¿Hombre lobo? Me quede mirando el cañón de la pistola que se había vuelto potencialmente letal y empecé a sudar.

Jeez. ¿Acaso todas las personas de Austin conocían mi pequeño problema? No es que yo fuera a admitir que ella tenía razón, “¿Disculpe?” dije, dibujándome a mi misma y tratando de parecer ofendida, en lugar de quedarme petrificada. “¿Qué acaba de decir?”

“No te molestes en mentir. Mi tía me llamo cuando dejaste su tienda. Ella reconoció tus ojos. Además, cogiste el amuleto del lobo.”

Ahogué un gemido.

“¿Por qué estás en mi apartamento?” preguntó ella.

Buena pregunta. Ella corrió el arma una fracción de pulgada hacia la derecha para asegurarse de que apuntaba a mi corazón mientras yo luchaba por encontrar una explicación convincente. Pero María no estaba de humor para esperar. “Tú también te colaste en mi oficina ¿Cuál es tu verdadero nombre? Estoy segura de que no es Gertrude.”

Por lo menos no me parecía a una Gertrude. “Sophie”, dije.

“¿Sophie, qué?”

“¿Realmente importa?”. Di un paso hacia adelante y ella levantó el arma. Ahora estaba dirigida hacia mi cabeza. “Mira, no sé quien se coló en tu oficina”, dije.

María entornó los ojos. Eran duros y oscuros, como piedras de río. “¿Entonces por qué estas en mi habitación, hombre lobo?”

Pensé en decir otra mentira, pero algo en su mandíbula me dijo que sería inútil. Y si no puedes ser honesto con la bruja que te está apuntando con un arma, ¿con quién puedes ser honesto entonces? “Quería encontrar al asesino de Brewster.”

Su voz era aguda. “¿Por qué?”

“Porque mi mamá fue culpada por eso y ella no lo hizo.”

María levantó las cejas sorprendida. “¿Tu mamá? ¿Estás relacionada con esa bruja de tres cuartos que le vendió esa patética poción a Brewster?”

“Ella no es una bruja de tres cuartos,” gruñí, determinando la distancia entre nosotras. “Y ella no es una asesina”. Mientras yo hablaba, me quedé mirando a la pistola y al dedo de María, que estaba temblando.

¿Cómo iba a salir viva de esta?

“Lo sé”, dijo María, con los labios contraídos en una pequeña pero malévola sonrisa que me hizo estremecer.

Con la adrenalina pulsando a través de mis venas, podría haberme transformado en un instante. Y María ya sabía lo que era, así que difícilmente podía comprometer mi secreto. Además, estaba a punto de morir de todos modos.

La pregunta era: ¿podría saltar antes de que me disparara? “Usted fue la que lo envenenó,” dije.

Ella asintió con la cabeza.

“Si no es mucho preguntar, ¿qué cosa sobre la tierra pudo hacer que Brewster se obsesionara con comprar una poción de amor?” pregunté. No es que fuera pertinente, pero me estaba muriendo por saberlo, además, quería posponer la cosa de disparar-con-una-bala-de-plata el tiempo que me fuera posible.

“Fue mi idea”, dijo ella, alisándose el pelo con su mano libre. La que no estaba sujetando el arma. “Pero pensé que lo decía en serio para mí. No quería que él supiera lo mucho que sabía del tema; para algunas personas, las brujas son un inconveniente.”

Trata ser un hombre lobo, pensé.

“Así que le dije que una amiga me había traído uno de esos libros,” continuó ella, “y que había funcionado”.

“¿Por qué le dijiste que fuera a Sit a Spell?”

“No lo hice. Solo pensé que sacaría un libro de la librería y después mezclaría algo. Él fue a Sit a Spell por su propia cuenta. Lo cual era muy conveniente, ya que resultó perfecto”.

Sí, ya que la policía parecía no poder ver más allá de mi mamá. María estaba empezando a parecer un poco impaciente, y no había podido llegar a concebir un plan que me dejara salir con vida del apartamento. Cálmate, Sophie, cálmate. “Dejaste algo de hierba debajo de tu cama”, espeté.

“¿Lo hice?” una arruga apareció entre sus cejas depiladas. “¡Pero me deshice de él!”

“No de todo”. Mantén el curso, Sophie. Tal vez si lograba distraerla, podría saltar sobre ella o algo así.

“Pero lo que quiero saber es: ¿cómo es que Brewster murió cuando lo tomó y la mujer a la que se lo dió no lo hizo?”

“La poción no era para él”, dijo ella. “No tenía idea de que él se iba a tomar esa cosa. Se suponía que era para esa estúpida bibliotecaria”.

“Jennifer”.

“Él debió habérsela dado el día que la consiguió”. Ella sacudió la cabeza con irritación. “Había hecho un encanto sobre él; se suponía que debía venir hacia mí. Pero algo fue mal, y él terminó enamorado de esa chiquilla tonta”. Ella se encogió de hombros. “Se supone que el veneno se encargaría de ella, nunca me habría molestado con la poción si hubiera sabido que él ya se la había dado. O que él la iba a beber”.

“¿Así que estás enamorada de Brewster?” pregunté, mirando a María, la cual, a pesar de su desagradable personalidad, de repente era maravillosa para matar. Está bien, mala elección de palabras. Sin embargo, la atracción era algo difícil de comprender.

Ella se estremeció. “Dios, no. Solo necesitaba su dinero y su influencia política.

Una vez que él muriera, me quedaría con su nombre y su fortuna y podría haberles dado un verdadero uso”. Ella puso una especie de mirada soñadora en su rostro.

“María Brewster para el Congreso”. Ella se encogió de hombros. “¿Quién sabe? Podría haber sido gobernadora". Ella se estremeció rápidamente como si de pronto hubiera recordado donde estaba y quien estaba con ella. “Todavía podría”.

“¿Qué quieres decir?” pregunté. Entonces me acordé de las otras fotos en el cuadro y todo encajó.

“Ahora vas tras de Tad, ¿no es cierto?”

“Por supuesto. ¿Qué fue lo que el Ministro dijo?. Nevah, nevah, nevah, me rindo.”
Según lo que había leído, no creía que Winston estuviera hablando de asesinar a la gente para lograr un cargo político, pero no estaba dispuesta a discutir eso con María. Después de todo, ella tenía en la mano una pistola cargada.

“¿Por qué estabas tan preocupada porque la gente entrara en tu oficina?” pregunté.

“Mi tía me lo advirtió”, dijo ella. “Dijo que tuviera cuidado”.

Al igual que mi mamá me había advertido, pensé. María y yo teníamos algunas cosas en común, realmente. No las suficientes; sin embargo, si ella dejaba de lado la pistola podría invitarme a tomar un café con leche y hablar entre chicas. Ella se pasó la pistola de mano en mano, meditando sus opciones. “Ahora solo tengo que decidir qué hacer contigo”.

Tenía un montón de sugerencias, pero no creía que ella fuera a prestarle atención a cualquiera de ellas. Por lo tanto, traté de seguir hablando. “¿Para qué era la muñeca que había en tu oficina?”

“Pensé que no te habías colado en mi oficina”.

Me encogí de hombros. “Bueno, quizás fue solo un poco”.

“Era para Tad”. Dijo ella. “Después de lo que pasó con su papá, no quería correr ningún riesgo”.

“¿Era un hechizo de amor?” pregunté. No se había sentido muy cariñosa cuando la toqué.

“Manejar y obligar”, dijo ella. “Lo quería completamente bajo mi control”.

Qué romántico.

“Pero todavía tengo que averiguar que hacer contigo”, dijo ella, mordiéndose el labio inferior. “Te mataría aquí pero odiaría arruinar mi nuevo cubrecama. Además, los vecinos podrían hablar”. Ella asintió con la cabeza hacia la puerta. “Así que vamos”.

Con María presionando el arma en mi espalda, caminé a través de la sala de estar, repasando mis opciones.

Desafortunadamente, eran demasiado limitadas y para cuando llegué a la puerta principal ya había pasado por la mayoría de ellas y todavía no tenía idea de qué hacer a continuación. “¿A dónde vamos?” pregunté, con la esperanza de poder inspirarme.

“No es asunto tuyo”, dijo ella, cogiendo las llaves de la mesa del vestíbulo.

Yo no estaba de acuerdo con su respuesta pero no me molesté en decírselo.

Desafortunadamente, Kelley y el vecino de arriba no aparecían por ningún lado mientras salíamos a la luz de la tarde. Me volví para mirar a María; ella tenía el arma demasiado cerca de mi cuerpo, para que pudieran ser vista por los carros que iban pasando. Ondas de pánico comenzaron a estremecerme, y luché con el impulso de cambiar. Yo era más fuerte y rápida como hombre lobo pero estaba segura de que María dispararía en el momento exacto en que comenzara a transformarme. Además, si ellos encontraban a un lobo muerto, ella podría librarse fácilmente. Y por supuesto, yo estaría muerta.

Ahora solo estábamos a unos pasos del coche de María, y sabía que si entraba en su pequeño Audi, estaría frita.

Era ahora o nunca.

Mientras María pulsaba el botón de abrir de su llavero, fingí tropezar con los adoquines, cayendo al suelo con un grito.

“Levántate”, siseó María, mirando alrededor.

“No puedo”, dije, forzando una mueca de dolor. Lo cual no era demasiado esfuerzo, en realidad; había tenido una semana difícil. “Me duele mi tobillo.”

“Arrástrate al carro, entonces”.

“Solo necesito un poco de ayuda para levantarme”, dije.

La irritación y el disgusto iluminaron su rostro de huesos finos mientras ella se quedaba quieta en mitad del camino. Sus opciones se limitaban a ayudarme a levantar o dispararme a la vista de todo el pueblo en la carretera Enfield. Ella debió haber llegado a la misma conclusión que yo, porque un momento después, ella dio un paso hacia adelante y extendió su mano izquierda.

Lo cual era exactamente lo que yo necesitaba que hiciera.

Todo ocurrió al mismo tiempo. Tiré de su brazo con mi mano derecha, balanceando mi brazo izquierdo hacia la pistola al mismo tiempo. Al hacer contacto, un destello explotó y algo se chamuscó en la acera que había junto a mí. Cogí su mano izquierda, oliendo la esencia a lavanda de María, perfume caro y aceite mientras le quitaba el frío metal de las manos. Este se cayó en la acera; un momento después, algo chocó contra María, mandándola a través del pavimento.

Me tambalee sobre mis pies. La pistola descansaba en la acera. Junto a ella, un gran lobo había dejado clavada a María en la entrada.

Lo miré de nuevo, mi lobo en brillante armadura. ¿Cómo había sabido que me encontraría aquí? Él había dicho que estaba acechando a la manada. ¿Acaso también me estaba vigilando?

Muchas preguntas… ninguna podría ser contestada. Por lo menos no en este momento.

Cogí el arma y le apunté a María, Tom la dejó y fijó sus dorados ojos en mí.

“Gracias”, le murmuré, y él bajo la cabeza. Estuve a punto de decir algo más, todavía no estoy segura de qué, pero en ese momento, la puerta principal del apartamento de Kelley se abrió, y ella me miró con una sonrisa brillante. “Oh, todavía estas aquí. ¿Conseguiste las medidas que necesitabas?”

Levanté la mirada para verla, y en ese momento, Tom se fue corriendo, desapareciendo en un macizo de arbustos.

Mientras veía como se alejaba, deseando poder seguirlo, Kelley dijo: “Oh, por Dios. ¿Eso es un arma?”

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JUEGA^^