domingo, 25 de julio de 2010

On The Prowl ((Al Acecho))


Capitulo 1
Traducido por Sweet Angel
Corregido por Laqua

Siempre están esos días en los que piensas “La vida es perfecta"; ahí es cuando la vida decide morderte el culo.

Era un soleado martes en la mañana, estaba paseando en la oficina- mi nueva oficina de socio-, con una gran ventana, techo alto, y un escritorio de caoba; algunas veces me gustaba contemplarlo. En una mano recién manicurada estaba mi tradicional café latte, con espuma extra. En la otra, había una pequeña bolsa con moffins de arándano en su interior. (Había usado esplenda en el café, lo cual quitaba algunas calorías.) Escondido debajo de mi brazo estaba el periódico del día, y en mi bolso- no tan delicioso como un moffin, pero definitivamente necesario- estaba una caja fresca de té luparia.

“Buenos días, Sally”, gorgojee a mi perpetua asistente en spandex. Si ella no hubiera sido contratada por mi jefe, la habría despedido hace un año, pero todos tenemos nuestros cruces, supongo. No éramos exactamente las mejores amigas, pero desde que había descubierto una bolsita de marihuana en su escritorio, por lo menos había dejado de intentar que me despidieran y/o me llevaran a la cárcel. Lo cual era un progreso.

Pase por su lado caminando hacia mi oficina, admirando el letrero dorado al lado de mi puerta: “Sophie Garou, socio.” A pesar de que había estado allí desde hace una semana- lo cual fue cuando las Aerolíneas del Sudeste, la gran cuenta que había alcanzado hace unos meses, había decidido contratar a Withers y jóvenes como su firma de contabilidad- cada vez que lo veía se sentía como si fuera la mañana de Navidad. Yo era probablemente el único hombre lobo en el país que se hacía socio de una de las cuatro grandes firmas, reflexioné. No es que nadie de Withers y jóvenes sepa que era un hombre lobo, por supuesto. Ahí es donde el té luparia intervenía; me ayudaba a mantener mis impulsos animales bajo control. Babosear sobre los clientes y salir corriendo de las reuniones para aullar a la luna, no era algo que ayudara en la profesión- por no hablar de la conservación de clientes-.

Con la excepción de mi peludo secreto, pensé mientras ponía el periódico sobre la mesa y abría la bolsa de moffins, la vida era muy dulce. Withers y jóvenes estaba en el piso quince de uno de los edificios más costosos de Austin, y mi nueva oficina tenía una gran vista al lago Lady Bird. Hundiéndome en mi cómodo sillón de cuero, le di un mordisco al moffin y vi a un par de patos nadando sin rumbo en la superficie de cristal. La única desventaja de la vista, en realidad, era que me distraía con los patos y las ardillas- toda esa cosa de depredador-. Y ahora que estaba a cargo de la gigantesca cuenta de las Aerolíneas del Sudeste, eso podría ser un problema.

Sin embargo, era la menor preocupación, considerando todas las demás cosas. El día de San Valentín estaba a una semana de distancia, y desde que había visto recientemente a mi novio Heath dejando una joyería- con una pequeña caja con el tamaño para un anillo en la mano- yo, por decirlo suavemente, tenía ganas de verlo. Mi mamá, la semi-psicótica bruja, no había sido acusada de asesinar a algún político en meses. Y el equinoccio había sido hacía más de un mes, lo cual significaba que no había trasformaciones obligatorias por la luna llena en un futuro próximo.

Mientras terminaba el moffin y me pasaba la lengua por los dientes- siempre se me pegan migajas en los caninos- el teléfono sonó.

“¡Sophie!”

“Hey, Lindsey ¿Qué pasa?” Lindsey, la auditora en Withers y jóvenes, también era mi mejor amiga- era idéntica a Angelina Jolie, lo cual podría ser un problema si ella no fuera una amiga tan fabulosa.

“¿Has visto el periódico?” preguntó ella.

“No. ¿Por qué?”

“Ellos citaron a Heath en un artículo grande. Está en primera página.”

“¿En serio? Bien por él.” Le eché un vistazo a la página principal del Austin Americano- hombres de estado. “Tres hombres fueron hallados muertos en Greenbelt: una manada de perros es la sospechosa.”

Mi mano se congeló a mitad de camino de mi café. La causa mascota de Heath, por así decirlo, había estado eliminando a los perros callejeros en Austin, a los que él había visto como una “amenaza”. Yo no estaba demasiado interesada en su campaña- no es necesario decir, que yo no era gran fan de los perreros- pero eso solo sería como echar leña al fuego.

“¿Qué articulo?” le pregunte a Lindsey, aunque ya lo sabía.

“El de los tres chicos que fueron asesinados por perros. La cita está en la pagina seis ¿Puedes creerlo? Siempre pensé que Heath estaba exagerando sobre lo peligrosos que eran los perros callejeros, pero tal vez él tenía razón después de todo. Eso me da escalofríos ¡Fui a escalar allá la semana pasada!”

“No lo he leído aun.” Dije, revisando el texto.

“Tres hombres aparecieron muertos”, dijo ella. “Mutilados por perros. Y al parecer Heath fue una de las primeras personas llamadas por los reporteros.”

Revisé el artículo. Tres hombres no identificados- dos caucásicos y un hispano- fueron hallados en Barton Creek Greenbelt, que estaba a unas millas de mi desván, muertos por una gran cantidad de mordidas. Tenía la esperanza de que el reportero tuviera razón y que en realidad fuera un ataque de perros rebeldes. Pero la poca esperanza que tenía desapareció cuando descubrí que las víctimas habían sido encontradas (a) desnudas y (b) con piel pegada entre los dientes.

“¿No es genial?” dijo Lindsey.

“¿Qué tres hombres hayan sido asesinados en Greenbelt?” pregunté.

“No, tonta. Que Heath se haya hecho un hombre de estado.”

“Oh, cierto, sí.” Me quedé mirando la foto de una bolsa de plástico negra fuera de la maleza. A menos de que haya un nuevo grupo en la ciudad cuya idea de pasar un buen tiempo era desnudarse, frotarse carne molida encima y burlarse de una manada de perros callejeros, tenía la profunda sensación de que estaba viendo las consecuencias de una disputa entre hombres lobo. Lo cual era un poco más que desconcertante. No había visto a un solo hombre lobo en Austin desde el pasado septiembre, y antes de eso solo había un total de dos en veintidós años. El conjunto de muertos-en-un-parque público era una desagradable novedad, por decir poco.

“¿Sophie? ¿Por qué estas tan callada?” preguntó ella.

“Lo siento,” dije, cogiendo mi café. “No tengo suficiente café, supongo ¿Puedo llamarte más tarde?”

“Seguro,” dijo ella. “Dile a Heath que felicidades de mi parte cuando lo veas.”

Después de colgar, volví a leer el artículo, con una creciente sensación de temor, y no solo por los perreros extras que estaba segura Heath ya estaba reclutando. Desde que me había mudado a Austin a la edad de ocho años, había mantenido mi identidad en secreto frente a la comunidad general de hombres lobo. Hasta ahora me había dado buenos resultados, pero eso era en gran medida por que casi no habían hombres lobo en Austin. Si este artículo me indicaba algo, era que debía continuar, aunque, al parecer no era el caso.

Mis ojos regresaron a la imagen principal, y no pude dejar de imaginar lo que estaba debajo del plástico negro. Por último, me obligué a darle la vuelta al papel y empujarlo a la basura. Mis ojos se acercaron a la imagen de Heath, la cual enmarqué y coloqué en un lugar especial de mi escritorio, y sonreí un poco a pesar de las terribles noticias del periódico.

Heath y yo habíamos estado juntos por más de un año, y creo que ambos estábamos considerando la posibilidad de un futuro juntos. Aparte de la química entre nosotros, teníamos objetivos similares, y cuestiones familiares parecidas. Ambos éramos muy trabajadores, tratando de elevar nuestras carreras profesionales alejándonos de nuestro propio pasado. Yo era la auditora de una empresa importante, y él era una de las nuevas estrellas legales de Texas. Mientras él había huido a Texas para escapar de la tensión de sus padres en Nueva Orleans, sin embargo, yo había pasado los últimos diez años tratando de alejarme de mi educación poco ortodoxa como la hija hombre lobo de una bruja psíquica. Bien, tal vez no eran circunstancias similares, ciertamente…

Pero a pesar de que era bastante molesto—e inexplicable—la afición por los Bestie Boys, Heath tenía todo a su favor. Él no había corrido gritando cuando conoció a mi mamá; para empezar. Añada a esto un sentido del humor mordaz, grandes bíceps, un pelo sedoso y oscuro, un agradable habito para sorprenderme con regalos maravillosos… y aspiraciones políticas importantes. A pesar de que la última parte no era un gran atributo, en realidad—teniendo en cuenta su inclinación para disminuir la población de perros callejeros-. No solo había estado trabajando más horas desde que él había descubierto su pasión por el progreso político, sino que todavía tenía una cicatriz en el culo del último perrero que me había perseguido.

Mis pensamientos volvieron a Heath con una bolsa de joyas. ¿Podría haber un anillo de compromiso en ella?

Y si lo había, ¿cómo iba a decirle todo el asunto de Soy un hombre lobo a él?

Suspiré y tomé un sorbo de mi café con leche, mi mente regresó a los hombres lobo. No había necesidad de preocuparse, ¿cierto? Después de todo, ninguno de ellos había venido a llamar a mi puerta, así que, ¿por qué preocuparse? Solo tenía que mantenerme alejada de las zonas verdes por un tiempo. Desde ahora, me dije a mi misma, mi primera prioridad sería conseguir un hueco en mi nueva cuenta. Metí el papel en un cajón del escritorio y me obligué a concentrarme en mi computador, haciendo click en el correo electrónico para verificar si había algún correo de las Aerolíneas del Sudeste. Mientras me desplazaba a través del spam, el ratón se detuvo en un mensaje extraño titulado “Audiencia Requerida”. Era de la sociedad lupina. Tal vez era alguna especie de sociedad amante de los Bluebonnets, me dije a mi misma. Los pequeños brotes de primavera, supongo.

Olvidé mi café con leche, haciendo click en el mensaje.

No se trataba de los Bluebonnets.

De hecho, a menos de que estuviera muy equivocada, era de la manada de Houston.

Mierda.

Contuve la respiración y me mordí los labios, casi cortándome con mis caninos. Había terminado con mi anonimato de veinte años hace unos meses cuando me había enredado con algunos hombres lobo. (Hombres lobo hechos, no nacidos; ellos solo habían conseguido sus patas. Aun les faltaba un poco de sangre para pertenecer a la manada.)

Cuando me enteré de que tres de ellos estaban acosando a una niña de la hermandad en el callejón de la calle Sexta, algún instinto de héroe me había decidido a actuar como la Mujer Maravilla e intervine para salvarla. A pesar de que ella llevaba unos terribles zapatos. Quiero decir, el mal gusto no es una razón suficiente para morir, ¿cierto?

De cualquier modo, la muchacha de la hermandad escapo, pero no antes de que la manada (el nombre que le había dado al trío) consiguiera una buena olfateada de mí. Y a pesar de que habían sido deshechos (una especie de des-hombre-lobizacion), evidentemente, el gato—o en este caso, el lobo—seguía fuera de la bolsa. O eso, me di cuenta con un escalofrío, o una persona relacionada con el incidente en el Greenbelt me había olido.

“Su presencia es requerida por la Sociedad Lupina de Houston", leí en el e-mail. “Una audiencia ha sido programada para el sábado, siete de febrero, a la una en punto p.m. La falta de su presencia resultaría con la pérdida de cualquiera y todos los derechos.”

¿Una audiencia? ¿Pérdida de cualquiera y todos los derechos? ¿Quién se creían que eran estas personas? No son personas, me recordé a mí misma. Ellos son hombres lobo.

Maldigo cualquier regla de hombre lobo que hacía de Austin una parte oficial del territorio de la manada de Houston. Recientemente había descubierto que ganarme la vida en Austin me hacía una intrusa.

Para empeorar las cosas, la fecha era este próximo sábado, naturalmente, el mismo día que mi jefa había planeado por meses para hacer el retiro de la oficina. Y, por supuesto, habría la luna llena, pero con suficiente luparia, eso no sería demasiado problema, gracias al té que mi mamá hacía para mí. Había limitado mis transformaciones obligatorias a las lunas llenas más cercanas a equinoccios y solsticios.

Desafortunadamente, dudaba de que Adele fuera a reprogramar su retiro- ella había seleccionado los centros de mesa hacía un mes-. Y de alguna forma dudaba que la Sociedad Lupina fuera a aceptar concesiones.

Como si fuera una señal, mi teléfono sonó otra vez. Era Adele.

“Sophie, estoy tan contenta de haberte atrapado. Necesitaba tu ayuda para escoger los manteles.”

“¿Manteles?”

“Para el retiro. Estoy pensando en gamuza o algodón barato. ¿Qué piensas?”

“Um, sobre el retiro…” empecé.

“Va a ser increíble, ¿no? No puedes perderte ni un minuto de eso. Por lo tanto, me estoy inclinando por la gamuza. Con servilletas de algodón barato.”

“Suena bien,” dije débilmente.

“Genial. Nos vemos pronto ¡No olvides llevar botas! Habrá paseos a caballo, y tal vez hasta lanzamientos de hamburguesas de vaca.”

Después de colgar, limpié mis palmas sudorosas con la falda y traté de concentrarme en el trabajo.

Pero todo en lo que podía pensar era, Mierda.


* * *


Estaba cerrando la oficina por este día y a punto de ir a casa por un vino fortalecedor cuando mi mamá llamó.

“¡Sophie, querida! ¿Cómo esta mi niña favorita?”

“Bien, mamá.” Lo cual no era del todo cierto pero ahora no estaba dispuesta a hablar del e-mail que había recibido de la Sociedad Lupina. O el pequeño problema que había tenido lugar en el Greenbelt. Solo esperaba que las habilidades psíquicas de mi mamá estuvieran fuera de servicio por hoy. “¿Qué pasa?”

“Estaba haciendo planes para el día de San Valentín y quería tu opinión. ¿Crees que debería hacer reservaciones en el Romeo, o el Chez Nous?” Chez Nous era un pequeño restaurante francés económico en el centro de la ciudad; Heath me había llevado allí muchas veces.

“¿Con quién vas a ir?” pregunté, servil.

“Con Marvin, por supuesto.” Marvin Blechknapp era el abogado en forma de bola que había defendido a mi mamá recientemente en un caso de asesinato. No podía entender la atracción—él era más un Dom DeLuise que un Brad Pitt—pero mi mamá estaba por encima de él. Como él evidentemente estaba bajo ella, aunque ella estaba un poco a la izquierda del centro. Está bien, tal vez que dirigía una tienda de magia llamada Sit a Spell y tuviera a un hombre lobo como hija estaba un poco más a la izquierda del centro. Pero se entiende la idea.

“Creo que cualquiera de ellos sería bueno,” dije. “Mamá, ¿puedo devolverte la llamada? Estoy de camino a la puerta.”

“Seguro, cariño. Pero yo solo tenía una pregunta rápida.”

“¿Qué?”

“¿Has notado algo inusual últimamente?”

Me senté. “¿Qué quieres decir por inusual?” ¿Había leído sobre el incidente en Greenbelt?, me pregunté.

“Oh, no lo sé. Tal vez una cabeza de pollo o algo así.”

Los pelos de la parte trasera de mi cuello se erizaron. “¿Una cabeza de pollo? Um, no. Estoy bastante segura de que me habría dado cuenta si había una cabeza de pollo.”

“No hay tierra, ¿ni nada?”

“¿Tierra?”

“Oh, tú sabes. Tierra de cementerio.”

“No, nada de tierra de cementerio que sepa.” Aunque no estaba segura de poder distinguir la tierra de cementerio a la tierra de aquí.

Ella dejo escapar un suspiro de alivio. “Gracias a Dios.”

“Mamá…”

“Solo está atenta ¿de acuerdo?” Oí el tintineo de unas campanas al fondo.

“Whoops, clientes. Hay que ir. Nos vemos pronto. Te amo, cariño.”

Ella colgó antes de que pudiera responder.

¿Cabezas de pollo y tierra de cementerio? Mientras apagaba el computador y me dirigía a la puerta, me encontré—no por primera vez—deseando por una mamá que hiciera algo normal. Como ser mesera, o una tejedora o directora de una corporación, o algo así.

Por otra parte, si yo tuviera todo lo que quería en la vida, no sería adicta al té luparia y tampoco tendría la costumbre de afeitarme. A veces me imaginaba que solo tenía que poner la mano para arreglarlo. Incluso si lo que resulta son las cartas de tarot.

Conducí cinco cuadras hasta mi edificio, le dije hola a Frank el portero y seguí por el elevador hasta mi desván.

Como mi mamá me lo había pedido, hice una revisión rápida del pasillo. Nada de cabezas de pollo. Nada de tierra de cementerio, tampoco, aunque había reparado en un conejo de polvo al borde de la escalera.

Mientras buscaba mis llaves, tomé una respiración profunda y me congelé.

Hombre lobo.

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JUEGA^^